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Cosmópolis: el año de la rata


   

                 Qué mejor que un viaje en bici para reflexionar sobre lo que acabamos de visionar en la árida pantalla de cine, sí digo árida.

Nada más y nada menos nos hemos adentrado en el mundo de turbación y transformación de nuestro querido David Cronenberg, la verdad que no me gusta leer nada sobre la película que voy a ver pero había escuchado algunos comentarios no muy alentadores sobre ésta. La verdad, nos ha parecido una película bastante respetable y desde mi punto de vista, concretamente, muy interesante en diversos puntos.

Como va siendo costumbre en las últimas producciones del director canadiense, no esperemos aquellas transformaciones físicas totalmente desorbitadas o auténticos análisis de ciencia ficción. Todo lo contrario: un mundo de introspección el cual desencadena en todo un seguido de violencia por y para el cuerpo, ésta es la auténtica ciencia ficción actual. Probar nuestra naturaleza humana una y otra vez. Al menos así lo demuestra Cronenberg.

Anteriormente, estaba mencionando que la pantalla del cine aparecía frente a nuestras gruesas lentes como un paisaje árido sin duda no me arrepiento de estas palabras. La historia que nos plantean en el celuloide no es para menos: una historia de caída, de derrumbe. Para muchos el tema principal será el capitalismo, muy presente durante todo el film desde diversos puntos de vista (negocios, mecenazgo, lujo, antisistema...), pero creo que éste es solo una excusa -muy actual por cierto- para acceder a lo que verdaderamente interesa a Cronenberg: la transformación psíquica del joven Eric Packer.
Desde el primer segundo de película nos introducimos en el mundo de Eric, no en New York; bueno sí, pero el creado por este joven "empresario". Es decir nos introducimos en su mente. Su versión de la metrópolis está aislada de las realidades de la calle, no entiende a la gente ni hace por llegar a comprenderlos -aunque la limusina parezca el consultorio de un psicólogo. Ahí, suponemos, radica el encanto del personaje encarnado por Pattinson.

Por otro lado cabe destacar el diálogo omnipresente en toda la producción de Cronenberg: el entrelazamiento entre nuevas tecnologías, sexo, violencia y transformación. Sin duda ésto no dejará a los seguidores del director frustrados.

Juliette Binoche en el submundo de Pattinson


Las actuaciones por parte de los actores están muy conseguidas, la maravillosa Juliette Binoche (Copie conforme, 2010) en su corta aparición como marchante de arte-amante, Sarah Gadon... e incluso Pattinson por el que no apostaba nada consigue que me lo crea. Sin duda Cronenberg ha sabido sacar lo mejor de todos ellos.

Y comos siempre los detalles de fotografía, iluminación, alegorías, etc. correctos.
Muy bueno el detalle de los títulos iniciales (Action painting a lo Pollock) introduciendo a la perfección la caótica historia que nos espera; y los títulos finales dónde nos deja ver las obras de Rothko que durante el film nos han vetado -no están en venta, recuerdas?-. Un broche final que se agradece.

          Sin duda una película muy contemporánea, pero la novela si es igual... da miedo lo profética que puede llegar a ser.

Títulos iniciales Action Painting

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