martes, 29 de mayo de 2012

La espada y el dragón ( Ilya Muromets; Ptushko, A. 1956)




                   Durante la época soviética bien es conocido el florecimiento que se produjo de una tipología muy concreta de cine: la ciencia ficción, pasando por alto muchas veces la otra vertiente exaltadora de la madre patria Rus: el cine de fantasía de corte heroico.

Por este motivo hemos querido rescatar esta historia que nos ofrece uno de los directores más destacados dentro de este subgénero: Aleksander Ptushko.

            Gigantes, animales y personas con poderes sobrenaturales, enanos, espadas mágicas y dragones… se convertirán en el leitmotiv de este film que nos avanza de una forma casi profética el cine de “espada y brujería” que se desarrollará en las décadas posteriores. Pero a todos estos elementos “tipo” del subgénero tenemos que sumarle la genialidad del cine soviético de la época y el bien hacer de este cineasta; quien juega con ingredientes culturales y narrativos propiamente rusos, siendo interrumpida la acción -a veces- por canciones y números de folklore, una cierta sobreactuación de los actores y, sobretodo, un “caduco” mensaje político subyacente que puede abochornar incluso a los que nos consideramos muy de izquierdas.




Desde el punto de vista técnico lo que más llama la atención  es el uso del color, el tecnicolor hace acto de presencia de una forma muy sabia animando la historia como si se tratase de antiguos lacados rusos, los cuales están formados por composiciones decorativas bellísimas, exteriores de excepción, un vestuario muy acertado para tal representación épica… todo resaltado por un maquillaje, efectos especiales (recordemos que Ptushko era especialista en animación por stop-motion) y una banda sonora muy resultones para la época.
            

           Seguramente algunas canciones y actuaciones sobreactuadas estén de más en nuestra visión occidental de la historia… pero todas estas piezas correctamente ensambladas por Ptushko dentro de lo maravilloso y las curiosas composiciones de decorados y efectos visuales la hacen un espectáculo de disfrute obligado hoy en día.
Y es que realmente, cuando se trataba de este subgénero, en Mosfilm sabían lo que hacían… adelantándose, cómo ya hemos mencionado, más de 20 años a la corriente conocida como de “espada y brujería”, solamente por este motivo ya vale la pena ver “La espada y el dragón”. Así pues, animamos al lector-cinéfilo ávido de fantasía o curiosidad por los relatos populares rusos a realizar una urgente revisión de la filmografía de este autor dentro del patrimonio del fantástico. Seguro que no se arrepiente. 





jueves, 17 de mayo de 2012

Dark Shadows (T. Burton, 2012)




                Sombras tenebrosas es el  título del último trabajo del bienaventurado Burton. Un título premonitorio que no hace más que ratificar lo que muchos piensan:” sombras tenebrosas es lo que se está cerniendo sobre tu trabajo, chato”.
Y es que en los últimos años este director parece haber entrado en un bucle autorreferencial: por un lado, adaptando obras ajenas hacia su universo (Alice in Wonderland sería un claro ejemplo); mientras por otro, parece haber iniciado un proceso de “revisitación” de sus trabajos (Frankenweenie el próximo estreno es un claro ejemplo de esta tendencia) teniendo como resultado trabajos sobrecargados, dónde los (sus) iconos inundan toda la superficie sin apenas profundizar en éstos: Horror Vacuii. Así, al igual que pasa con sus vengativos protagonistas, el cineasta norteamericano vampiriza sus historias favoritas reafirmando en éstas su propia visión artística que en ocasiones, como el film que nos ocupa, no pasa del simple aparato estético, del envoltorio, acomodándose en artilugios narrativos utilizados una y otra vez por Burton: la autorreferencia nerviosa de un director que parece quedarse sin ideas.

                Desde el prólogo dónde se nos narra la condena de Barnabas Collins a la vida errante del vampirismo por parte de una bruja y su posterior resurrección en plena era post-hippie, la película entra en una espiral de incansable repetición: ¿Otra vez un niño incomprendido? ¿Una adolescente “problemática”? ¿De nuevo una novia espectral? ¿Bonham-Carter? ¿Johnny Depp?
¿Pero no había venido a ver una comedia “terrorífica”? ¿Humor negro? Esa fue la pregunta que mi mente me lanzó a los diez minutos de visionado: personajes que se mueven histriónicos entre los decorados postgóticos de Burton, que hablan y hablan sin cesar, intentando insertar entre diálogo y diálogo lo que deberían haber sido gags cómicos (como el momento en que Barnabas se limpia los dientes)… todo esto no hace más que demostrar como el director  no ha profundizado en los personajes, dejando a muchos a medio hacer como si tuviese miedo de mostrar ese “algo más” al que nos tenía acostumbrados, como en “Sleepy Hollow” o “La melancólica muerte del chico ostra”.
Entre tanta ida y venida, casi en la última media hora Burton cae en la cuenta de que estaba contando una trágica historia de amor (góticamente hermosa) y la recupera para precipitarla al vacío narrativo, pues después de tanto diálogo (algunas veces se hace muy lento) que intenta introducirnos en la historia, el director nos expulsa de ésta como un lector de dvd escupe un disco una vez finalizada su reproducción.
No obstante todo, el film tiene momentos malvadamente maravillosos como el descubrimiento de la “M” de Mc Donalds por parte del vampiro en su nuevo despertar; el sexo nervioso y catastrófico entre la bruja y el vampiro; algunas escenas gore que recuperan parte del Burton que nos gusta; la aparición de Alice Cooper o ya desde el punto de vista estético, el aparataje artístico y técnico, la fotografía… tan perfectos como siempre dentro del universo de este director.
                De esta manera, el intento de adaptar Sombras tenebrosas al mundo creativo de este director podemos decir que se ha convertido en una falla, dónde todo es estructura y nada relleno, dónde los iconos se repiten una y otra vez sin aportar nada nuevo… llegando incluso a molestar por ésa  falta de esencia. Sin duda, más que de “sombras tenebrosas” hablamos de brillantes y vacías sombras chinas.